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Números insoportables e inadmisibles.

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Así hemos titulado esta entrada, pero no son números. Son personas. Detrás de esos números lo que hay son personas, personas que sufren, unas que luchan y otras que no. Que se dan por vencidas: humilladas. En el disparadero de una jubilación que se le aleja cada vez más y se pregunta si llegará a ella. Porque sabe que el sufrimiento trae enfermedad. Lo sabe porque para todo sitios donde mire ve lo mismo: humillación y desolación. ¿Qué necesitan para intervenir y cambiar el rumbo? Jóvenes abocados a largarse al extranjero("movilidad exterior" dice la otra, y permanece todavía en el Gobierno). Pero sí. Hay números también. La estadística da guantazos de vez en cuando. Vean si no.

El 27,16% de parados según la EPA. Un incremento en el último trimestre de 237.400 personas a la lista de desempleadas. El porcentaje de parados de los menores de 25 años es del 57,22%. Una barbaridad. ¿Qué país y sociedad le dejamos? No sentimos -sienten- vergüenza cuando los miran. Son los encargados de gestionar la economía de un país y les presentamos esto(¡¡ya no hablemos de derechos ni de despidos ni de educación ni de derechos sociales,....!!): una sociedad sin futuro.

1.902.000 hogares con todos sus miembros en paro y 2.901.100 personas llevan más de un año buscando empleo. Y anoten: por cada décima que hemos reducido el déficit del Estado el paro ha subido un punto("blanco y en botella.....).

La situación es insostenible e insoportable. Inadmisible. Pero parecemos vacunados ante la situación.Todos conocemos a personas próximas a nosotros en situación extrema. Respetando todas las ideologías, los resultados están a la vista. Permanecemos expectantes, casi con impasiblidad. Como si no fuese con nosotros. Recuerden aquel poema del padre Martin Niemoeller, pastor alemán encarcelado por Hitler desde 1937 hasta 1945, que dice:

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

Pero nuestro lema a todos no pueden engañarnos sigue vigente, y recuerden: no son números, son personas. AMJ

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