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Paul Wolfskehl, el matemático “olvidadizo”: un problema le salvó la vida.

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  Han sido muchos matemáticos los que hemos estudiado en este blog, la mayoría de ellos porque han tenido una vida desventurada , aciaga, adversa o en ambientes y  situaciones complicadas para la investigación matemática. A casi todos ellos les han ocurrido peripecias, persecuciones o se  han visto envueltos en todo tipo de circunstancias. Pero éste, Paul Wolfskehl presenta otra casuística distinta: tenía  su suicidio programado. Contémoslo más despacio.

  Nació en Darmstadt (Alemania)en 1856 y murió en 1906.A la muerte  de su padre, un bastante rico banquero judío, su hermano mayor y él se hicieron cargo del banco. Se doctoró en Medicina, pero una enfermedad complicada-la esclerosis múltiple- hizo que la dedicación médica tuviera que cambiarla por otra actividad: las Matemáticas. Aquí podía pensar, trabajar e investigar y hacer así más llevadera la enfermedad. Pero nada de esto estaba reñido con el amor: se enamoró de una mujer pero, azares de la vida, ésta no sentía lo mismo y  el rechazo lo llevó a una de las salidas más controvertidas. Eligió el  suicidio como salida a su amor despreciado.; además lo hizo todo programado: día y hora concretos. Cuando llegó ese día, comenzó a redactar el testamento, cosa que los mortales hacemos en otros momentos de nuestra vida. Pero llegó aquí “el problema que le salvó la vida a un hombre” (capítulo del libro de Davis y Chinn).

 

  Resulta que el famoso último teorema de Fermat estaba siendo estudiado por Kummer y a su parecer tenía un error, que el se dedicó a intentar desentrañar en esos últimos momentos de de su vida. Pero a veces los humanos, y los matemáticos con frecuencia, nos quedamos pensando en problemas para intentar solucionarlos y embelesados así se pasa el tiempo sin darnos cuenta. Y esto le ocurrió a nuestro Paul. Se le pasó el tiempo del suicidio programado, y hete aquí que cambió de opinión. Decidió no suicidarse, tiró el testamento a la basura, y dado que el problema le había salvado la vida, creó un premio: el Premio Wolfskehl dotado con 100.000 marcos para aquel que demostrara el teorema de Fermat, siempre antes del 13 de Septiembre de 2007 (no se sabe porqué). Romántica historia. El premio se lo llevó Andrew Wiles en Junio de 1997.

               

Hay por ahí otra versión de lo ocurrido. Klaus Barrer en Notices of the American Mathematical Society  (de Nov/1997, vol.44 núm.10) propone otra explicación también verosímil: fue obligado a casarse con una solterona mayor que él, Marie Frolich, que se reveló como una maligna fémina, haciéndole imposible los últimos años de su vida y estableció el premio  por su decisión de no dejarle todo el dinero a su mujer y sí a “la teoría de números”, el único amor de su vida y que le dio sentido a los últimos años de su vida.

 Cualquiera de las dos versiones es atractiva, pero me quedo con la primera. Decidan ustedes.Pueden enlazar con Gaussianos, con una entrada muy completa sobre el tema. AMJ.

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