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Mateo Alemán, "en cualquier acaecimiento, más vale saber que haber".

Este año 2014 hace 400 años de la muerte de Mateo Alemán,   autor de uno los libros más leídos de la novela picaresca, “Guzmán de Alfarache” publicado en 1599(y la 2ª parte en 1604. Su libro, que fue un éxito editorial, no sólo en España, sino  también en Europa y además tuvo el privilegio de vivir para contarlo, aunque según algunas tesis últimas, a pesar del “boom editorial”, murió en la pobreza más severa, en México, a los 67 años.

Mateo Alemán, el sevillano que escribió el primer «best-seller» de la historia

Sevillano de nacimiento y bautizado en la céntrica Iglesia del Salvador, estudió Humanidades y Medicina (Salamanca y Alcalá de Henares, pero sin concluirla). Dedicado a la recaudación de distintos impuestos y subsidios, sus negocios les llevan a la cárcel de Sevilla (cerca de tres años), donde aprende las artes de criminales y rufianes, que más tarde plasma tan bien en su libro. Entre otras ocupaciones, fue Hermano Mayor de la Cofradía del Silencio de Sevilla. En 1608 pasa a México, donde finalmente muere.

 Su obra principal, el “Guzmán de Alfarache”(léanlo completo en este enlace) destila un pesimismo que proviene de las vivencias del autor, observando la degeneración moral en la que se está hundiendo la sociedad española y la corrupción existente. Parece que estamos describiendo la sociedad española actual- nos haría falta , quizás, un Mateo Alemán para que nos la describiese o nos conformaremos con Torrente-.

 Mateo Alemán © J. Bedmar/Iberfoto

 En esa novela picaresca tiene un acercamiento a la ciencia. Transcribimos un párrafo del capítulo VII, donde es despedido de su amo, y nos da  su visión sobre ella:

 En cualquier acaecimiento, más vale saber que haber; porque, si la Fortuna se rebelare, nunca la ciencia desampara al hombre. La hacienda se gasta, la ciencia crece, y es de mayor estimación lo poco que el sabio sabe que lo mucho que el rico tiene. No hay quien dude los excesos que a la Fortuna hace la ciencia, no obstante que ambas aguijan a un fin de adornar y levantar a los hombres. Pintaron varios filósofos a la Fortuna en varios modos, por ser en todo tan varia; cada uno la dibujó según la halló para sí o la consideró en el otro. Si es buena, es madrastra de toda virtud; si mala, madre de todo vicio, y al que más favorece, para mayor trabajo lo guarda. Es de vidro, instable, sin sosiego, como figura esférica en cuerpo plano. Lo que hoy da, quita mañana. Es la resaca de la mar. Tráenos rodando y volteando, hasta dejarnos una vez en seco en los márgenes de la muerte, de donde jamás vuelve a cobrarnos, y en cuanto vivimos obligándonos, como a representantes, a estudiar papeles y cosas nuevas que salir a representar en el tablado del mundo.

Cualquier vario acaecimiento la descompone y roba, y lo que deja perdido y desafuciado remedia la ciencia fácilmente: ella es riquísima mina descubierta, de donde los que quieren pueden sacar grandes tesoros, como agua de un caudaloso río, sin que se agote ni acabe. Ella honra la buena fortuna y ayuda en la mala. Es plata en el pobre, oro en el rico y en el príncipe piedra preciosa. En los pasos peligrosos, en los casos graves de fortuna, el sabio se tiene y pasa, y el simple en lo llano trompieza y cae. No hay trabajo tan grande en la tierra, tormenta en la mar ni temporal en el aire, que contraste a la ciencia; y así debe desear todo hombre vivir para saber y saber para bien vivir. Son sus bienes perpetuos, estables, fijos y seguros.

Preguntarásme: «¿Dónde va Guzmán tan cargado de ciencia? ¿Qué piensa hacer con ella? ¿Para qué fin la loa con tan largas arengas y engrandece con tales veras? ¿Qué nos quiere decir? Mateo Alemán ¿Adónde ha de parar?» Por mi fe, hermano mío, a dar con ella en un esportón, que fue la ciencia que estudié para ganar de comer, que es una buena parte della; pues quien ha oficio ha beneficio y el que otro no sabía para pasar la vida, tanto lo estimé para mí en aquel tiempo, como en el suyo emóstenes la elocuencia y sus astucias Ulises”.

Sin duda, ya hace seis siglos sabían la importancia de la ciencia en el devenir del hombre, pero parece que ahora, en estos tiempos, a muchos se les ha olvidado. AMJ

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