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Diario de un genio, de Salvador Dalí.

     Desde hace siglos la humanidad se afana por captar la forma y reducirla a elementales volúmenes geométricos. Leonardo tendía a fabricar huevos que, según Euclides, debían ser la forma más perfecta. Ingres prefería las esferas y Cézanne, los cubos y los cilindros. Pero únicamente Dalí, gracias a los vericuetos de su hipocresía elevada al paroxismo que le había llevado a dejarse obsesionar exclusivamente por los rinocerontes, acaba de encontrar la verdad. Todas las superficies un poco curvas del cuerpo humano poseen el mismo lugar geométrico común, que es el que se encuentra en este cono, con el extremo redondeado y curvado hacia el cielo o hacia la tierra y angélicamente inspirador de un deslizamiento hacia la perfección absoluta, ¡el cuerno del rinoceronte

Del libro Diario de un genio, de Salvador Dalí.  

Dalí pensaba, como aquí lo escribe, que el cuerno del rinoceronte era la perfección matemática. Aquí lo vemos en el cuadro "La máxima velocidad de la Madonna de Rafael"(1954).

O en esta otro "Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias". AMJ


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