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Arthur Koestler: reflexiones desde una cárcel de Sevilla.

Leía hace poco tiempo en el blog mateliteratura una curiosa entrada sobre este inglés de origen húngaro, Arthur Koestler (Budapest 1905, Londres 1983),  y su estancia en una cárcel de Sevilla. Pasamos a contar un poco de su biografía. De origen judío Koestler fue un escritor de ensayos y  novelas, además de historiador, filósofo, activista político y periodista. En los primeros años de su vida fue un activista comunista en Hungría, Austria e incluso Berlín. Un viaje a la Unión Soviética de Stalin fue el comienzo de su decepción por el comunismo. En la guerra civil española fue el corresponsal de News Chronicle y detenido por las tropas nacionales en Málaga en 1937.

Fue encarcelado en Sevilla(¡¡por dónde andaba Queipo de Llano!!)y condenado a muerte, aunque por intermediación del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés fue canjeado por la esposa del aviador Carlos Haya (¡el del hospital malagueño!). Lean el artículo de F.Iwasaki en ABC(Sevilla). Todas estas experiencias las plasmó en su libro Testamento español (1937). Al volver de la guerra española renunció definitivamente al comunismo, aunque luchó contra los nazis en le II Guerra Mundial, y fue nuevamente encarcelado, ahora  en el campo de concentración deVernet d’Ariège. Salió en libertad condicional y se estableció definitivamente en Inglaterra. Ya enfermo de cáncer y Parkinson, se suicidó en 1983. Fue fiel a su compromiso como defensor de la eutanasia voluntaria: defendió en los últimos años que “todo hombre tiene derecho a matarse a sí mismo a sangre fría” (sic). Dejó una nota que pueden ver en cafedeocat.com.  Pero no ocurrió solo la muerte de Arthur, sino que apareció también su mujer, Cynthia. Ambos con una sobredosis de barbitúricos. Para leer la noticia, ver El País.

Su obra principal, en alemán, es El cero y el infinito, que no es de temática científica, como parece indicar su título. Escribió también Las raíces de la coincidencia    donde introduce teorías de la parapsicología –una de sus debilidades- y donde aporta tesis entre los fenómenos paranormales y los neutrinos y la mecánica cuántica (Uno de los seguidores y lectores de este tipo de  literatura  era Sting, el cantante  pop). 

Arthur Koestler and his wife

  

         
   
 

Lo traemos aquí por un fragmento exquisito de un libro suyo Autobiografía, de su estancia en la cárcel de Sevilla:


            
 Me hallaba de pie junto a la ventana de la celda número 40 y con un trozo de alambre que había sacado de mi colchón elástico garabateaba fórmulas matemáticas en la pared. La matemática, y particularmente la geometría analítica, había sido la afición favorita de mi juventud, que luego hube de descuidar por muchos años. Procuraba recordar cómo se deducía la fórmula de la hipérbola y encontraba dificultades; luego probé la fórmula de la elipse y de la parábola y, con gran alegría, logre deducirla. Después procuré recordar la prueba de Euclides de que el número de los números primos es infinito.

Números primos son aquellos, como 3, 17, etc., que no son divisibles más que por sí mismos y por la unidad. Uno bien podría imaginar que, llegando a series numéricas elevadas, los números primos serían cada vez más raros, en virtud de hallarse cada vez más productos de cantidades menores, y que por último se llegaría a un número, muy elevado, que sería el número primo máximo, el último numéricamente virgen. La prueba de Euclides demuestra sencilla y elegantemente que no es así, y que, por más astronómicamente elevada que sea la cifra a la que se llegue, siempre encontraremos números que no son el producto de otros más pequeños, sino que se deben, por así decirlo, a una concepción inmaculada. Desde que en la escuela conocí la demostración de Euclides, esta siempre me llenó con una profunda satisfacción, más de orden estético que intelectual. 

Ahora, mientras trataba de recordar la demostración y garabateaba los símbolos en la pared, me sentí invadido por el mismo hechizo.Y entonces, por vez primera, comprendí de pronto el motivo de ese hechizo: los símbolos que escribía sobre la pared representaban uno de los raros casos en que se realiza una declaración significativa y comprensiva acerca de lo infinito por medios precisos y finitos. (…) El significado de esto me inundó como una ola (…) Debo de haber permanecido allí algunos minutos, como transporta do en un rapto, y teniendo conciencia, aunque sin expresarlo con palabras, de que “esto es perfecto…, perfecto”. Hasta que me di cuenta de que por detrás de todo aquello estaba experimentando una ligera sensación de incomodidad mental; sí, había allí alguna circunstancia trivial que echaba perder la perfección del momento. Luego caí en la cuenta de la naturaleza de aquella sensación de fastidio: por supuesto, me hallaba en la cárcel y tal vez a punto de ser fusilado. Pero inmediatamente replicó a esto un sentimiento cuya la versión verbal sería: “¿sí?, ¿y qué?, ¿eso es todo?” Réplica tan espontánea, fresca y divertida, como si aquel intruso sentimiento de fastidio no supusiera más que la pérdida del botón de la camisa. Luego floté de espaldas en un río de paz, bajo puentes de silencio. Aquel río no venía de ninguna parte ni fluía a ninguna parte; por último ya no hubo río y ya no hubo tampoco yo. El yo había dejado de existir.
   
            

En el libro Los convocados una novela que trata sobre los problemas que inquietan al hombre y el poco futuro que le depara, entendiendo que su escepticismo es fruto de que el progreso ha ahondado cada vez más en los problemas que aparecen cada vez más, y más grandes, indefinidamente. De él traemos este extracto:

  ¿Pero no era humillante reducir las emociones humanas a un juego de números? Siempre lo había creído así; ahora descubrió que para los pitagóricos y los platónicos, ello no constituía una humillación sino un ennoblecimiento. Las matemáticas y la geometría eran búsquedas etéreas que se servían de la forma pura, las proporciones y las reglas, no de la tosca materia; eran ideas incorpóreas que se prestaban a profundas percepciones y a deleitables juegos. El enigma del universo se hallaba oculto en la danza de los números reflejada en los movimientos de los cuerpos celestes y en las melodías que Orfeo interpretaba en la lira. Los pitagóricos habían sido adoradores del misterioso culto órfico, pero habían proporcionado a éste una nueva dimensión: consideraban las formas geométricas y las relaciones matemáticas como el misterio último, y el estudio de las mismas como la más elevada forma de adoración, la auténtica purificación órfica. La divinidad se expresaba por medio de los números.Nikolai experimentó la misma sensación de flotación y éxtasis que en muy raras ocasiones experimentaba cuando, estando al piano, su propia identidad se extinguía y se disolvía como una gota en el océano.                                        

                Había descubierto que la música, la más íntima de las experiencias, estaba con los astros a través de las abstractas leyes matemáticas. De acuerdo con los historiadores griegos, el matrimonio se había verificado cuando Pitágoras paseaba por su isla natal de Samos y se detuvo ante el taller de un herrero. Observando los sudorosos cuerpos que trabajaban, advirtió súbitamente que cada barra de hierro, cuando era golpeada por un mazo, emitía un sonido distinto; que el tono de cada sonido dependía de la longitud de la barra; y que si se golpeaban simultáneamente dos barras de hierro, la íntima calidad sensual del acorde resultante dependía de la proporción entre sus longitudes. La octava, la quinta, la tercera mayor y menor, cada una de ellas poseía un color y una sensación distinta; pero dicha sensación dependía enteramente de simples relaciones matemáticas. Fue un descubrimiento crucial: el primer paso hacia la matematización de la experiencia humana.               

 

En su libro Los sonámbulos    expone sus ideas cosmológicas basadas en la geometría, el cálculo numérico, mezclando periodismo y novela para explicar ¿por qué el Sistema Solar es como es?

 Sin ser matemático ni científico supo escribir muy bien desde esta óptica nuestra. El relato de la cárcel de Sevilla nos ha impactado. Que alguien pueda evadirse, aunque sea momentáneamente, de sus problemas y contrariedades, acudiendo a fórmulas matemáticas que lo eleven de su pozo interior, es más que reconfortante. Es que estamos tratando de una ciencia que produce placer y que en algunos casos  transporta al individuo lejos de donde está, o por lo menos no percibe su desdichada existencia, si es de lo que quiere huir: en ocasiones se consuma el hechizo. Sirvan estas letras de reconocimiento a un luchador de la libertad en todos los frentes y a la grandeza de esta ciencia matemática: AMJ

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